El cumple de Lau

marzo 28, 2014 at 4:21 pm Deja un comentario

Acá tenés tu western, chango

2001 o

Sé que este blog está muy desordenado, casi abandonado, y no sé si alguien pasa por aquí ultimamente. Se ha convertido para mi en una bitácora pública de apuntes que ya retomaré a futuro, más seriamente. Aquí pego pues otro texto moleskinero de aquel viaje alucinante, refundacional, que fue la gira Subite al Colectivo. Gracias Luis Cabeda, una vez más. Dedico esta postal al riojano oído cosmopolita Xorge Leiva, y el haiku final a María Eva Blotta, primorosa enfermera en mís días de Post Operación.

Villa Unión, La Rioja

Un domingo en Villa Unión, ya habiendo terminado el taller de Subite al Colectivo en esa parada, pipón del resultado (“Peón viñatero”, una de fantasmas, menemistas y bodegas abandonadas) me fui a comer solo y luego a caminar. Hacía un calor riojano y con auriculares puestos llegué hasta no sé donde, pasando un autódromo. Tras hora y media de caminata, asomó una montaña de paredones rojos inmensos, digna del mejor final de un western. Subí una cuesta espiralada que terminaba en una suerte de terraza natural. Era mi lugar en el mundo, perfecto para un domingo en soledad. No recuerdo si grité como si fuera un actor de cine argentino precandidato al Oscar, y escuché mi voz rebotada y me sentí ancho como el cielo. Tal vez lo hice, no lo sé. Lo que sí recuerdo es que me dispuse a dormir una siesta, en un estado de total armonía conmigo y el planeta.

Así estuve unos quince o veinte minutos, acunado por una brisa muy amable y tranquila música en los oídos ( este disco de Air ). Fue entonces que el ruido seco de un disparo, rebotado incontables veces en las paredes de la montaña, me sacó del paraíso. El otro, los otros. No estamos solos.  Otro disparo. Dudé en alzar la cabeza, acostado como estaba en la terraza lo único que podía ver era un perfecto cielo azul, salpicado de cumbres rojas cercanas. No tenía ni idea de donde venía la balacera. Otro bang. Mentira, esa onomatopeya miente. Un disparo jamás sonó así, bang. Pfoooffffff, Pfoooffffff, Pfoooffffff!!!!  Eso está más cerca de lo que oía esa tarde en mi día de descanso. Después voces de hombres. con las “eyes” inconfundibles de riojano. Acá tenés tu western, chango.

Respiro hondo, me asomo y veo a unos 50 metros debajo, una camioneta de la policía de Villa Unión estacionada. Más tiros. ¿Qué onda? Busco otro punto de mira, asoman tres espaldas gordas. Canas disparando a la montaña. En ningún momento se me pasó por la cabeza, ni siquiera cuando me di cuenta de que solo estaban practicando tiro, gritar o avisar que estaba yo ahí arriba. Me parecia bastante turbio el conjunto, y pocas ganas tenía de entablar una conversación. Lo cierto es que ahí me quedé como media hora o más, imposibilitado de dormir, meditar o al menos escuchar un disco tranquilo, en mi día libre. Puteando cada disparo (varios cargadores) con los ojos clavados en el cielo.

Al rato risas, portazo de camioneta que se cierra y levanta polvo. Ellos se van y queda una soledad más grande sin los ruidos. A la montaña baleada y a mis oídos les lleva un rato largo recuperar un calmo estado.  La música regresa, ayuda. El sol se pone, la tarde hermana pieles, y emprendo el regreso.

Haiku final que no es un haiku sino el inicio de la letra de “Sex Born Poison”, canción de Air que sonó en mi caminata de regreso a la ciudad, ya entrada la noche:

Shoot, use your gun of life
i’m not afraid to die
in your arms

diciembre 7, 2013 at 1:49 pm Deja un comentario

40

julio 31, 2013 at 8:38 pm Deja un comentario

Taller abierto de Kamishibai en MICA

Algunas fotos del taller abierto de Kamishibai realizado los días 10 y 11 de abril de 2013 en MICA Artes Escénicas, en Tecnopolis. Fueron dos días de trabajo colectivo intenso, en un espacio enorme y muy transitado. Sin embrago, logramos crear un área de intimidad (“como en la montaña”, dijo Mariela) para el intercambio de ideas, la experimentación visual y sonora. Gracias a todos los que vinieron, participaron, se concentraron y crearon sus láminas, textos, sonidos. Nuevos impulsos para una forma de arte que vino de Japón para quedarse.

Taller a cargo de Amalia Sato, María Eva Blotta, Diego Maxi Posadas, Juan Pablo Baño, Nicolás Prior, Mariela Scafati.

Gracias a Masao, Julia Masvernat y Juanjo Santillán

marzo 26, 2013 at 7:21 pm Deja un comentario

Más Moleskine

Recupero  algunos textos volcados en la libreta Moleskine que me acompañó en los viajes de 2005-2006, cuando fui tallerista de cine, en el proyecto “Subite al Colectivo”. Estas notas de la bitácora de viaje-laburo fueron luego publicadas junto a algunos dibujos a lápiz, en la revista Camalote #1, editada por Julia Masvernat, Viviana Blanco, Elisa Estrada, Paula Galli, Valeria Maculán,  Rosana Schoijet

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La Cocha, Tucumán

Liber y yo jugamos a ponerle un nombre. Por primera vez su taller y el mío se fusionan. Sombras Cartoneras, Cine Haiku. Son las nueve de la mañana y en un aula pequeña les mostramos a los chicos un video sobre el origen del cine: sombras chinescas, juguetes ópticos, el taumátropo, las primeras vistas de los hermanos Lumiere, los trucos de Mellies. De ahí, saltamos en el tiempo, como la rana famosa de Basho, pero hacia atrás, para explicar la brevedad del haiku. Los chicos nos escuchan y toman nota. Empiezan a escribir.  

Poco a poco empiezan a acercarnos sus tres versos.

 

A la tiniebla / nació un conejo / con sus hermosos dientes.

Una mañana / un niño sale de su casa / y se asusta con una vaca.

 

Recortan con el cutter cerros nevados, pájaros, nidos, calles lluviosas, soles. Segunda mañana y siguen construyendo siluetas de carton: estrellas, un perro, corazones, un camino, hierba, un hotel, postes de luz. Salimos de la escuela para juntar ramas, varillas que van a sostener las figuras caladas.

Tercer día, preparamos la función para la cámara. Colgamos una tela blanca y apagamos las luces. Afuera se escuchan ruidos de otros talleres. Liber enciende los focos dirigibles (él los llama tachos), dos chicas los sostienen con ambas manos. En la penumbra uno a uno van pasando los haikus a contraluz. La cámara registra: un aro de luz azul se vuelve rojo, movimiento de unas manos, las voces de los chicos susurrando, imitando palomas, el mugido de una vaca, risas…  

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La Esperanza, Jujuy

Ella me lleva a ver una tumba solitaria, una cruz de 1979 que descubrió cerca de su casa, al costado de un caminito, no muy lejos del ingenio. Son casi las seis de la tarde, la clase ya terminó pero ella y casi todos los chicos insisten en que vayamos hasta la Casa blanca.

La Casa blanca es una mansión abandonada, el palacio de los hermanos Leach, los ingleses que fundaron La Esperanza. Sus salones del siglo pasado ahora son ruinas, no hay techos, sobre las antiguas baldosas hay escombros, cachos de pared y cosas que los intrusos dejan. El pasto crece en cada habitación. En uno de esos cuartos vacíos los chicos se sientan en ronda, para seguir inventando su historia de apariciones. Yo me tengo que ir, me esperan en la combi, los guionistas se quedan trabajando.

 

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Nuestra Señora del Carmen, Jujuy

 

Estoy solo. Tomando una cerveza sentado a la puerta de una despensa en Nuestra Señora del Carmen, Jujuy. Ladran perros y a cada rato pasa un falcon con parlantes que anuncia el acto del candidato a senador, un tal Gerardo Morales del frente jujeño. Cae la tarde y el cielo está celeste.

Dos niños de unos nueve años pasan caminando, acompasados, hablando en voz baja. Se les nota la amistad. Yo disfruto  de sus voces y de cada sonido en la calma de esta calle. Así descanso de un día caluroso, extenuante.

 

Por la mañana, bien temprano, un grupo de chicas me llevó de paseo por las calles de Monterrico, hasta un canal que bordea las plantaciones. En ese lugar nos sentamos a pensar, a invocar con preguntas la historia que mañana queremos empezar a rodar.

 

Se trata de algo así: una misteriosa caja viaja en el agua hasta que un grupo de niñas pescadoras la recoge. Cuando se asoman para ver en su interior hay como un hechizo, un encantamiento, una de las chiquitas se asusta, otra grita, otra llora, otra se desmaya. Tras esto deciden enterrar la caja en un baldío y que jamás se sepa lo que contiene. La aparición de un hombre al que no le veremos el rostro que desentierra la caja y la lleva de nuevo a su cauce termina la fàbula.

 

Cuando todas parecieron de acuerdo, nos pusimos de pie y empezamos a buscar locaciones. Llegamos a un baldío y estudiamos el terreno, troncos quemados, piedras, silencio. Regresamos a la escuela para escribir el guión técnico. En el camino de vuelta, muy contentas, cantaban a coro una canción de Miranda. De vuelta en el aula ensayamos una suerte de efecto sonoro para usar mañana, coro de estertores para ese instante en que cada niña abre la caja y se asoma. Se propusieron varios títulos y quedó “Lo que trae el agua”.

 

Por la tarde también caminé mucho. Salí de ronda con el otro grupo. Una hora hasta llegar al interior de una tabacalera. Allí viven varias familias, trabajadores, varios de los chicos que vienen el taller.

Surgió la historia de un niño que trabaja entre las plantas de tabaco bajo el sol y se desmaya. Me iban contando por el camino que casi todos hicieron ese trabajo alguna vez.   Llegamos a una tranquera y nos cruzamos con el patrón, un hombre de 60 años en una 4 x 4 blanca. Se está construyendo una mansión tipo Dinastía en la entrada de la finca. Le expliqué que los chicos querían hacer unas tomas en las plantaciones y nos dijo que si era un ratito nomás no tenía problema. Ni preguntó de qué iba la historia, mejor. Caminamos media hora más por un sendero, el recorrido que hacen todos los días. La cámara encendida iba de mano en mano, los chicos apuntaban a su antojo: la avioneta del patrón sobrevolando los campos, zoom a los cerros o a ellos mismos conversando sobre la película. Un profesor de historia muy amable que vino con nosotros sacaba fotos. En una especie de asamblea-casting debajo de un quincho uno de los chicos se ganó el papel protagónico. Se llama Carlos Cruz, pero aclaró que ya tiene un nombre artístico, propuso Carlitos Cros.

 

Mientras escribo estos detalles para no olvidarlos, para recordarlos siempre, una anciana jujeña de pelo blanco esponjoso pasa delante de la despensa y nos miramos. Ahora es un viejo en bicicleta el que saluda, con su gorra azul. El sonido de las ruedas que se alejan se suma al tranquilo concierto. Otro sorbo de cerveza y la calle queda desierta. Ya hay luces encendidas en algunas ventanas, aunque el cielo sigue celeste.

 

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Metán, Salta

23 de septiembre. En la clase de la tarde hacemos un ejercicio de concentración. Nos sentamos en ronda y de espaldas. Cerramos los ojos, los cubrimos con las manos y esperamos las imágenes. Luego el que quiere cuenta lo que vió: “yo, a una mujer que se despide de su familia, en una terminal de micros”, “yo, a una chica que entra a un bosque”, “yo, a mi hermana que a esta hora justo debe estar llegando a Metán”, “yo, nada, pelotitas de colores, una boludez”, “a mi misma, en un puente sobre un río, arrojándome, y después nadando”, “una parte de una obra de teatro que hicieron en la escuela, sobre una chica que sufre en la casa y que lo ve a Cristo”, “yo, a una pareja con un carrito de bebé entrando a una iglesia”

En la plaza de Metán me cruzo con dos alumnas, con sus guardapolvos blancos. Por la avenida avanza un coche fúnebre, seguido por un grupo de gente a pie. Las chicas están tentadas de risa y me piden con los ojos que nos alejemos del muerto y sus amigos. Están contentas porque parece que convencieron a la esposa del intendente de que les preste su boutique para la filmación de mañana.

 

24 de septiembre. En casa de Nancy, una de las ¨productoras¨ del corto, esperamos al resto del equipo. Mientras pongo a cargar la batería de la cámara ella atiende el kiosco. Miramos la tele, un canal de videos latinos. Comparto la intimidad de su aburrimiento de sábado a la tarde. Su hermanito se hace el escondido en la cocina. Podríamos hablar, pero preferimos no decir nada, cruzamos una mirada o una tímida sonrisa cada tanto.

Van llegando sus compañeros, leemos el guión, movemos una mesa, colgamos un espejo en la pared. Antonella, la actriz principal, se pone una remera de Attaque 77, se pinta los ojos de negro. Nancy también se maquilla, alguien trae el cartel del título: “Una historia diferente”, lo grabamos. Bulimia y alcoholismo juvenil es el tema, lo dicen a cada rato. Que quede claro. 

 

Antonella, el personaje, se ve gorda. Por eso come y vomita. Al pasar delante de un cartel que la invita a ser Miss Jujuy se pondrá seria. Es extraño este cartel en Salta, pero muchas paredes de Metán lo tienen pegado, allí se ve a una chica rubia, nadie diría que es ju jeña. Tres horas más tarde estamos grabando las últimas tomas. Nelson, el único varón del grupo demuestra ser un actor muy entusiasta, toma cerveza del pico y finge vomitar, en este corto todos vomitan, en un baldío.

 

Antes de presentar el corto, en la escuela, subimos todos a un escenario. Hace unas horas tapábamos la cámara con una campera para que una lluvia leve no la dañara. Necesitábamos a otro chico para una escena con beso y Nancy fue a buscar a su primo. Llegó y no costó demasiado que le coma la boca a una de las chicas, contra una   pared del callejón del cementerio. En la plaza de Metán grabamos la escena final, el encuentro de los dos personajes que se desploman uno sobre el otro, sentados frente a una fuente. En el televisor de la escuela todos observan en silencio esa imagen. Abrazado a los chicos, tirado en el suelo, miro a la rectora, mujer muy dura. Termina la escena final y llegan aplausos. Todavía tenemos el pelo y la ropa mojados.

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Bermejo, Bolivia

En un puesto callejero del mercado de Bermejo una joven vende películas piratas en dvd. En su televisor en la vereda se ven imágenes de lucha libre entre dos mujeres bolivianas. Coreografías en la tradición de Santo o Karadajián, pero en versión femenina. La Esmeralda es la favorita del público, es la buena.   Frente a ella, una enmascarada con gesto feroz recibe la ayuda de su entrenador para darle una golpiza. La puestera cierra los ojos cada vez que a su heroína le llega su castigo a cuatro manos. ¡No! ¡Pero salí de ahí! La cámara muestra al público también indignado, cholitas que gritan sobre las gradas de un gimnasio modesto.

Un olor dulce me atrae, cruzo la calle. Chancho frito. El plato incluye arroz y papas. Almuerzo junto a una familia silenciosa, mirando las chalanas que van y vienen cruzando el angosto río que apenas tiene agua. Me gusta esta soledad acompañada. Veo pasar a mis compañeros, Daniela, Pablo, Coco, Gabriel, cada uno con sus compras, nos saludamos. Se acercan.  y nos reímos de un logo de Sony demasiado trucho. Entre cervezas paceñas, se va haciendo la hora de regresar. Siento las manos vacías, el deber de comprarle algo al mercado. Cruzo y vuelvo felíz con mi bolsa de coca fresca, un gorro reversible y tres dvd: Fusil, metralla, el pueblo no se calla, Los hermanos Cartagena y Cuestión de Fe.

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Descargar Camalote #1

enero 2, 2013 at 10:35 pm Deja un comentario

         

Estas son algunas de las bonitas producciones del taller de armado de tapas de discos y ediciones de lux caseras, realizadas durante el Festival “Compartir no es Delito”, en La Cazona de Flores. Fue el viernes pasado, 7 de septiembre, en la tarde-noche de presentación de la revista Al Oído 2.

Gracias Mariela Scafati, Liber Escribano, Juan Pablo Fernandez, Editorial Retazos, La periferica distribuidora, a la Cazona de Flores y a tutis los que vinieron y compartieron!

La revista se consigue escribiendo a este correo: aloidorevista@gmail.com

septiembre 13, 2012 at 9:56 pm Deja un comentario

A 10 años de la masacre de Avellaneda, Dario y Maxi no están solos

 

Serigrafías del Taller Popular de Serigrafía

junio 26, 2012 at 2:08 pm Deja un comentario

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